

Nuestra Historia






En 2004, Judith Bank y Marcel Van der Geest eran voluntarios en la escuela primaria EDELAC en Las Rosas, Quetzaltenango. A medida que fueron conociendo a los niños y a las familias, se dieron cuenta de los desafíos que muchos enfrentaban más allá de las aulas. Una familia los conmovió profundamente: una madre que criaba a nueve hijos en situación de pobreza extrema. Al ver que los niños necesitaban más de lo que se les podía brindar durante el horario escolar, alquilaron un pequeño espacio y abrieron un programa de tarde para tan solo cuatro niños. Lo que empezó como algo muy pequeño se construyó sobre una idea simple: los niños necesitaban un lugar al que ir donde estuvieran seguros, recibieran cuidado y pudieran ver cubiertas sus necesidades básicas. Ese pequeño comienzo se convirtió en Caras Alegres. Más de veinte años después, Caras Alegres acompaña a unos 80 niños, 30 jóvenes y a sus familias a través de la nutrición, la educación, el desarrollo personal, el empoderamiento de la mujer y el apoyo emocional. La historia comenzó con cuatro niños. Y continúa con la convicción de que, cuando ves una necesidad y decides involucrarte, puede surgir algo duradero.


























